sábado, 16 de junio de 2007

FELIZ DIA PADRES!!!

A TODOS QUIENES SE DAN EL TIEMPO DE APRENDER A DIARIO A SER MEJOR POR ELLOS Y POR QUIENES VINIERON A ESTE MUNDO A APRENDER DE NOSOTROS, NUESTROS HIJOS!!

MUCHOS ABRAZOS, EXITO EN EL APRENDIZAJE...

LOS MEJORES Y UNICOS MOMENTOS!!!

LES DESEAN, PSICO MONO, CLAU, ADRIAN



domingo, 10 de junio de 2007

Testimonio: "Mi Papá es Gay"

"Hace 17 años, cuando ella tenía dos y sus hermanos un par más, su padre se dio cuenta de que era gay. Sólo recién a los 13 vino a entender qué significaba eso. En este testimonio, la hija de un conocido empresario santiaguino cuenta cómo ha sido vivir con su padre y con el hombre europeo del que él se enamoró."


Una interesante entrevista efectuada a una joven chilena de 19 años, a quien el tema de la "homosexualidad" jamás le ha horrorizado, pués su padre es gay. Además, en su diario vivir no es tema.

Durante el dialogo no se entregan nombres, cargos, menos fotografías, por un tema social, pues como ella dice:

"No entenderían, son demasiado chilenos".

Por Loreto Aravena.


lunes, 4 de junio de 2007

Algunas cuestiones que los heterosexuales deben saber de los padres gay


Reconocer que se es homosexual, a alguien cercano(a), digamos un amigo o familiar es doblemente difícil, si se es padre o madre. El acto de comunicarlo se vive como un gesto de profunda confianza, más que el simple reconocimiento de un secreto.

Es posible que los padres gay fantaseen con que su naturaleza o condición provocará más rechazo –que el habitual- en el círculo que frecuentan. Pueden creer que serán juzgados con mayor dureza que si fuesen no-padres. Pero ¿son estas meras ideas a priori o crudas realidades?

Nuestra sociedad occidental heterosexual ha definido y acuñado claras acepciones, muy arraigadas en la cultura y de amplia extensión, para referirse a la ausencia de vida marital o sexual. Así, utilizamos términos como “soltero”, “célibe”, “virgen”, “viudo”, entre montones de otros, pero ¿qué término usaría usted para referirse a alguien que no tiene o no ha tenido hijos? ¿Cuál es el vocablo que significa lo opuesto de ser padre? Indudablemente el “soltero”. Bueno, si usted es concienzudo, es posible que encuentre palabras muy feas y de poco uso como “yermo”, “mula” o “infértil”.

Es tan “obvio” que alguien en nuestra cultura tenga hijos que si estos no existen, el o la implicada se granjean casi de inmediato una serie de descalificaciones sobre su identidad, sus prácticas y hasta su salud o estado mental.

Aunque cueste creerlo, la soltería o no tener hijos, es sinónimo de ser gay, después de una cierta edad, para algunos círculos de personas o bien, es una posibilidad más aceptable.

Es tal la importancia de la procreación o la descendencia que el tener hijos o no tenerlos, más allá de si es una decisión libre y consciente, tiñe cualquier otra condición del ser humano. Asimismo, cruza todos los ámbitos de la vida, casi lo mismo que si se es hombre o mujer.

La paternidad representa un rol, que quiéralo usted o no, conlleva expectativas, impacta en los estilos de vida, del suyo propio y del que los rodean, modifica dramáticamente la rutina y convivencia social. Cualquier pareja que recientemente ha procreado o adoptado hijos, podrá afirmar que con todo lo bello y sublime que contempla, algo ocurre, un trastorno en el seno de lo cotidiano y podrían mostrarnos ejemplos emblemáticos.

Y es que nuestra cultura filial viene fuertemente marcada por la fe y las creencias, enraizadas en el cristianismo. Sin duda que en mucho debe influir que nuestro Dios eligió ocupar la figura de Padre y no otro rol. Así, a lo largo de la historia del Hombre la relación padre-hijo ha marcado los derroteros de sus propias creaciones, desde la ciencia hasta el arte.

El ensalzamiento de la familia es notable y ha sido tal que ¿cuánto no ha costado que en algunos países se pueda abrir este concepto a los vínculos no necesariamente filiales?

Imagine Usted que si separarse o divorciarse ya es un hito de trascendencia para cualquier ser humano, incluidos los directamente afectados por la ruptura, qué puede esperarse de un cambio de identidad u orientación sexual, después de los 30, los 40, los 50 y hasta los 60 años, cuando ya todas las áreas vitales parecían estar resueltas y tener un lugar bastante claro en la vida y en el mundo que nos rodea.

Una persona gay que es padre, probablemente vivirá con mayor culpabilidad y tortura su condición, más aún en una sociedad tradicionalista. La condición homosexual conlleva una serie de actitudes y motivos que entran en conflicto con la paternidad, entendida esta como la presencia activa y permanente con los hijos.

Un tema conflictivo para los padres gay, antes que su relación con los hijos, es su relación con la ex pareja heterosexual. Para esta última rondarán muchas ideas sobre la sexualidad del padre gay, algunas de estas ideas cargadas de ansiedad y angustia, otras verdaderos mitos que si no se despejan provocarán dolor y tortura permanente tanto al padre gay como a su ex pareja heterosexual.

La ex pareja de un gay con hijos pensará que los motivos que alguna vez los unieron no eran verdaderos, legítimos o genuinos. Pondrán en tela de juicio los sentimientos, el deseo y todo lo positivo que motivó la unión de ambos, como también las razones de la ruptura.

La ex pareja de un padre gay será presa de la incertidumbre y podrá inclusive dudar sobre sus atributos sexuales, más aun si vivió experiencias de rechazo o de agresión implícita o explícita durante la relación. El autoestima de la persona heterosexual puede llegar a vulnerarse si el proceso de comprensión y aceptación de la homosexualidad conllevó crisis y conflicto en el (la) padre (madre).

El padre gay que vive en el closet podrá desenvolverse en el mundo de manera muy agazapada, sobretodo si ha decidido mantener al margen a sus hijos de la conciencia sobre su orientación sexual. Un padre gay puede decidir no tener si no encuentros sexuales casuales con personas del mismo sexo y privarse de vida en pareja o de relaciones basadas en aspectos más profundos que el mero deseo sexual. O puede por el contrario, afrontar la vida con la esperanza de rehacer su existencia sin más ni menos garantías que las de un individuo heterosexual.


Por Mono Psico.