
A los 17 años, Diego conoció a quien ese entonces era su gran amor. Por cuatro años mantuvo una relación que esperaba terminara en una familia. Incluso tuvieron una hija.
Pero algo no andaba bien. Se sentía atraído por los hombres. Finalmente terminó y entró en una profunda depresión. Conoció a otra mujer y de ahí en adelante decidió no mentirse más y asumir su homosexualidad.
El costo de esa decisión fue no ver a su pequeña por casi tres años. “Pensé que era mejor alejarse porque las cosas no terminaron bien con mi ex, además no tenía trabajo”, reconoce Diego.
Sin embargo, el amor que sentía por su hija pudo más y recurrió a tribunales para pelear el beneficio de visita. La batalla entre él y la madre de la niña fue cruenta: “Me acusó incluso de ejercer el comercio sexual” y a duras penas consiguió ver a su hija por dos horas en el juzgado, dos veces a la semana.
“Era humillante, porque mientras estaba con ella, tenía vigilancia. Me dijeron que era un peligro público”, rememora.
El sistema no duró más de cuatro visitas. Decidió encarar a su ex pareja y llegar a un acuerdo. Finalmente hoy puede estar junto a su niña de 9 años cuantas veces quiera. “Se queda conmigo y trato de ser su amigo, aunque también impongo disciplina, porque es un poco caprichosa”, cuenta.
Diego espera que cuando la menor cumpla 12 años, pueda contarle que es gay. “Yo quiero lo mejor para ella, todos saben que tengo una hija y me siento orgulloso de ella. Es absurdo pensar que porque soy homosexual no puedo hacerme cargo de ella. De hecho siempre ando a la defensiva para que nada le pase”, reconoce.
¿La sociedad chilena aceptará este tipo de familia? Difícil lo veo, ya que aún existe la percepción de que ser gay es sinónimo de pedófilo o libertino. “En algún minuto, pensé volver con mi ex pareja sólo para darle un hogar tradicional a mi hija, pero me di cuenta que no era lo mejor. Lo mejor es ser honesto y aceptar las diferencias sin miedo”, dice tajante."
Pero algo no andaba bien. Se sentía atraído por los hombres. Finalmente terminó y entró en una profunda depresión. Conoció a otra mujer y de ahí en adelante decidió no mentirse más y asumir su homosexualidad.
El costo de esa decisión fue no ver a su pequeña por casi tres años. “Pensé que era mejor alejarse porque las cosas no terminaron bien con mi ex, además no tenía trabajo”, reconoce Diego.
Sin embargo, el amor que sentía por su hija pudo más y recurrió a tribunales para pelear el beneficio de visita. La batalla entre él y la madre de la niña fue cruenta: “Me acusó incluso de ejercer el comercio sexual” y a duras penas consiguió ver a su hija por dos horas en el juzgado, dos veces a la semana.
“Era humillante, porque mientras estaba con ella, tenía vigilancia. Me dijeron que era un peligro público”, rememora.
El sistema no duró más de cuatro visitas. Decidió encarar a su ex pareja y llegar a un acuerdo. Finalmente hoy puede estar junto a su niña de 9 años cuantas veces quiera. “Se queda conmigo y trato de ser su amigo, aunque también impongo disciplina, porque es un poco caprichosa”, cuenta.
Diego espera que cuando la menor cumpla 12 años, pueda contarle que es gay. “Yo quiero lo mejor para ella, todos saben que tengo una hija y me siento orgulloso de ella. Es absurdo pensar que porque soy homosexual no puedo hacerme cargo de ella. De hecho siempre ando a la defensiva para que nada le pase”, reconoce.
¿La sociedad chilena aceptará este tipo de familia? Difícil lo veo, ya que aún existe la percepción de que ser gay es sinónimo de pedófilo o libertino. “En algún minuto, pensé volver con mi ex pareja sólo para darle un hogar tradicional a mi hija, pero me di cuenta que no era lo mejor. Lo mejor es ser honesto y aceptar las diferencias sin miedo”, dice tajante."
Extracto Reportaje La Batalla de los Padres Gay Diario La Nación, Julio del 2006, por Richard Ulloa.

3 comentarios:
Os había perdido en el marasmo de la red, pero para que no vuelva a ocurrir os enlazo a mis moreras. Espero que la sociedad chilena vaya asumiendo lo que ocurre en la realidad sin aspavientos, igual que lo han hecho la mayoría de los españoles.
Hay parejas homosexuales con hijos propios o adoptados, los niños de parejas heterosexuales conviven en el barrio, en el colegio con estos niños y con los hijos de familias monoparentales y lo que al principio requiere explicaciones se está asumiendo con mucha celeridad.
Seguro que la hija de Diego, si nadie influye en su juicio, entenderá a su padre y lo aceptara con toda naturalidad. Porque los niños no tienen tantos prejuicios. Y mejor tener un padre equilibrado que pude ayudarla a hacerse adulta con amor que un padre amargado viviendo en un infierno y que no le aportaría nada más que amargura.
Os seguiré leyendo. Un beso.
Disculpen, pero aunque suelo apoyar la libertad de expresion en todos los planos humanamente posibles no puedo dejar de pensar y asegurar que los sexos son dos y son complementarios... cualquier tendencia distinta es una degeneración de la naturaleza humana.
Puedo aceptar (mas no apoyar) que tengan un espacio en la sociedad y que puedan llevar una vida placentera, pero no puedo apoyar una impresion de normalidad a niños pequeños con respecto a una tendencia que de por si no es natural.
Todos tenemos derecho a tomar desiciones... pero la homosexualidad es una eleccion que no debe contemplar hijos, y en el caso de querer recuperarlos, sólo luego de que los hijos tengan suficiente madurez para entender que siendo su padre (o madre) un ser humano funcional y libre, no es normal ni debe ser considerada su conducta como algo imitable.
Saludos.
que tema mas peludo
pero con amor y empeño este pais tendra q cambiar...
por el bien de los niños ...
saludos
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